Elena Gálvez U.

Consciencióloga
(Acceso al poder a través de la Consciencia)
Biomedicina sistémica Integrativa

Me pidieron hacer un Curriculum Vitae que traducido es “carrera de la vida.”

He hecho muchos, pero el de hoy tiene una particularidad, lejos de hablar de mi conocimiento hablaré de mi carrera de vida como tal; la cual se ha convertido en mi mejor ciencia y a través de la cual he hecho varias maestrías.

De 1963 a 1970. Mi primera carrera

Psicología del mundo con maestría en Incomprensión.

Mi primera carrera la comencé desde el vientre de mi madre y se fue hasta mis 7 años. Vine a un mundo llena de felicidad, amor y paz y en esta carrera me enfrenté con un mundo totalmente diferente a quien yo era y la información que traía en mí. En medio de risas y juegos fui adentrándome en un mundo que a mi corta edad analicé, pero sentí estaba lejos de comprender y poco a poco me obligó a revelarme ante él para protegerme, pero fallé.

De 1971 a 1981.

Ingeniería con maestría en destrucción de bases.

Incursioné en mi segunda carrera cuando fui sumergida en un sistema educativo al cual me resistí a asistir y fui con la premisa de “tienes que aprender para ser alguien y tener bases sólidas en la vida ”; y lo que me sucedió fue exactamente lo contario, entré a un colegio de monjas donde se promulgaban valores como el amor, la paz, la humildad, la bondad, la comprensión y el respeto entre otros, y cómo el conocimiento me haría grande; pero me hice cada vez más pequeña, fui desvalorizada, comparada, despreciada y humillada, solo quería desaparecer y huir de este mundo. En mi segunda carrera todo se derrumbó, aprendí el odio, la egolatría, el orgullo y la prepotencia, el conflicto, el egoísmo y la desigualdad. Aquellas bases que traía conmigo y que mis padres siempre fortalecieron, se fueron al piso.

Entendí el gran valor de la bondad, el amor y la paz, valores sin los cuales me sería imposible ésta carrera de vida.

De 1982 a 1989.

Emprendí mi primer viaje a la isla de El amor y la felicidad.

El sistema me vendió el tiquete más caro de mi vida, una promesa de amor y felicidad a través de una familia. Me casé y a mis 24 años ya tenía 4 preciosos hijos. Además, me vendieron la idea de que para conseguir amor debía tener sexo, de nuevo me choqué, que gran decepción. ¿Y ahora? ¿si yo no sé ser feliz cómo hago para enseñarle a 4 criaturas a serlo? Busqué la salida y me creí la idea que me vendieron en mi segunda carrera, me embarqué en el conocimiento, a la par con la educación de mis hijos, estudié Mercadotecnia, administración de empresas y Contabilidad sistematizada. Caí en el desamor, la infelicidad e irresponsabilidad. Solo había espacio para el conocimiento y mis hijos quedaron de lado, me quedé perdida en una isla sin rumbo y llena de soledad. Compré erróneamente un tiquete sin regreso.

Comencé a entender que el amor y la felicidad eran otra cosa, me conecté con el valor hacia mi cuerpo. La valía que tenían mis hijos y la verdadera definición de hogar y familia.

De 1990 al 2000.

Arquitectura con maestría en diseño.

Esta carrera se me hizo eterna. Se supone que ya tenía las herramientas para construir lo que yo quisiera. Ya con profesión sólo se trataba de diseñar mis sueños, cosas materiales para realizarme y darle la felicidad a mis hijos. Vinieron Casa, carro, empresa, trabajo, reconocimiento profesional y dinero. “Ya lo tenía todo”. “Construí el castillo perfecto” según me enseñó el sistema. Pero el amor y la felicidad eran escasos, me perdí los mejores años de mi vida y de la vida de mis hijos por trabajar. Aprendí abandono, tristeza, soledad, materialismo, dolor, ambición, vanidad y egocentrismo.

Entendí que las cosas materiales estaban lejos de darme valor y hacerme crecer como SerHumano al igual de que estaban lejos de ser el camino a la felicidad.

2001 al 2005.

Medicina, teología y filosofía con maestría en escepticismo.

Fue maravilloso. Salí de mi país, huyendo del dolor y tratando de sanar las heridas que la carrera de la vida había dejado en mí. Una nueva oportunidad de vida y un mundo distinto, otra cultura, seres humanos quizá con una visión diferente podrían lograrlo. Persistiendo en el encuentro de la felicidad y el amor busque una salida, pase por cuanta religión encontré, absorbí todo el conocimiento posible de medicina, psicología, psiquiatría, filosofía y cualquier ciencia que pudiera mostrarme el camino y sanar mi cuerpo y mi alma. Me lancé al vacío y caí lentamente en el escepticismo, un duro golpe y una nueva decepción.

Entendí que todo debía cuestionarlo. Que cada ciencia o creencia tenía su sabiduría, pero a la vez un gran vacío por lo cual solo me curaría sin lograr sanarme.

Del 2005 al 2012

Emprendí un nuevo viaje hacia la “normalidad” y la Libertad.

Mis hijos fueron creciendo y como era normal emprendieron su carrera a la independencia, adquiriendo su libertad, abriéndose paso en esta selva de cemento, enfrentándose al animal más feroz… sus miedos. Comenzaron a hacer sus vidas y para mi sorpresa vi cómo emprendieron mí misma carrera, por mi inconsciencia les corté las alas y quedaron atrapados en mi historia viéndose inevitablemente obligados a repetirla. Pero algo había en esta carrera especial, la gente me buscaba simplemente para hablar, yo solo los escuchaba y contestaba en base a mi entendimiento, mi alma hablaba, ya no razonaba y me comenzaron a llamar mi ángel, cosa que me incomodaba sobre manera, lo incomprendía, era el aviso de que ya estaba lista para cumplir mi misión.

Mi viaje de regreso a casa

Sumida en el dolor por mis fracasos me alejé del mundo y me retiré al campo. Lo dejé absolutamente todo y me fui a servir a mis hermanos y a cuanto Ser encontré en mi camino, la gente llegaba hasta a mí y sin importar lo lejos que estaba, me buscaban. Y vino mi gran bendición, mi tiquete de regreso a casa… un cáncer “terminal”, el cual me obligó a poner en práctica todo lo aprendido en mi carrera de vida para salvarme y salvar a mis hijos. Con un nuevo maestro y compañero de vida, al que denomino “la paz personificada”, comprendí lo que era el AMOR. Renuncié a todo el conocimiento adquirido y me fui en búsqueda de esa niña que se perdió en 1971. Y la encontré. Sané mi cuerpo y mi alma de todas las heridas causadas en el viaje, agradeciendo profundamente a todos mis maestros por sus enseñanzas en esta carrera que llaman vida.

2014 al 2020

Me dediqué al juego.

Comprendí que la vida es un juego y hay que saber jugarlo con responsabilidad. Comprendí las reglas del juego y convidé a cuanto SerHumano encontré en mi camino a jugar conmigo.

Este juego se llama CONSCIENCIA, con una gran recompensa “LA FELICIDAD”.

¡AHORA TE INVITO A SER PARTE DE ESTE JUEGO¡